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miércoles, 16 de febrero de 2011

SHIVA DESTRUYE EL SACRIFICIO DE DAKSA


Shiva, a menudo llamado Rudra en la mitología hindú, esta relacionado con la destrucción, es decir, con todo lo que se considera, en cierta forma, hostil o contrario al orden necesario para la creación. Por lo visto, estas prácticas siempre se encuentran en los límites del mundo ordenado. En este mito, Shiva amenaza con obrar el sacrificio de Daksa. La práctica de sacrificio siempre se identifica con la capacidad de crear y actúa como modelo del mundo ordenado.
Rudra nació como consecuencia de la furia de Brama por su incapacidad para crear. Brama entrego a Sauri en condición de esposa a Rudra, y le prohibió realizar cualquier clase de práctica ascética. Rudra se negó a obedecer y se zambullo en el agua. Brama recupero a Sauri y engendro siete hijos con la mente, incluido Daksa, con el objetivo de que, a su vez, esa progenie fuera creadora. Después Brama ofreció a Sauri como hija a Daksa, quien se regocijó y llevo a cabo con entusiasmo al sacrificio supremo para complacer con ello a Brama.
Transcurridos 10.000 años, Rudra salio de las aguas con el deseo de crear el universo y los dioses, pero vio que el mundo ya había sido creado como resultado del sacrificio de Daksa. Cegado por la ira, Rudra destruyo con violencia el sacrificio de Daksa. Al final lo restituyo a petición de los dioses, y se retiro con Sauri a su propia morada.

LA CREACION DE LA MUERTE


En la mitología hindú, la muerte siempre esta representada por un personaje divino llamado Mytu o Yama. Preside uno de los mundos de los muertos y supervisa la numeración de los buenos y malos actos “karma” de todos los difuntos. La naturaleza de estas acciones condiciona el lugar de nacimiento de las personas en su siguiente vida.
En algunas ocasiones, la muerte desaparece o se toma unas vacaciones, y la tierra se superpueblo y tiene que pedir a Brama que haga algo con el gran numero de personas de la superficie. La reacción de Brama es o bien crear muerte o convocar a Shiva para que la provoque y la dé como causa de las acciones malignas y los resultados de estas acciones.
Los dioses del cielo también experimentan gran temor cuando la muerte se ausenta, porque los humanos, que se caracterizan por su mortalidad, se vuelven inmortales, y por tanto minan la exclusividad de los dioses.

EL ANILLO DE SAKUNTALA


Vivía en Himavat, el monte sagrado de los ascetas, una doncella hermosa y dulce llamada Sakuntala. El venerable Kanva la había adoptado y desde entonces ella, que amaba a todos los seres de la naturaleza, se dedicaba a cuidar de los animales y las plantas del bosque, quienes a su vez la querían más que a la luz del Sol.
Un día llegó casualmente al bosque el joven rey Dushyanta. Los ascetas le invitaron a
Permanecer unos días en su compañía, con lo que el rey tuvo ocasión de conocer a
Sakuntala
y mantener con ella largas y placenteras conversaciones. Los dos jóvenes se
Enamoraron y, en la soledad del bosque, se prometieron por esposos. Pero, como a
Vez toda parece conspirar para que la felicidad de los que se la merecen no dure, pronto llegaron a Himavat noticias que obligaban al rey a regresar a la corte. Antes de partir, entregó a Sakuntala un anillo de oro con el sello real y su nombre grabados. Le dijo que cuando pasaran tantos días como letras tenía su nombre ella debía acudir a palacio para celebrar el matrimonio.
Los días transcurrieron muy lentamente para Sakuntala, quien no podía apartar de la mente el recuerdo de su prometido. Tan absorta estaba pensando en Dushyanta que un día en el cual el ermitaño Durvasa llegó hambriento del bosque no se acordó de ofrecerle comida ni bebida, reglas de hospitalidad que la religión hindú obliga a cumplir con los hombres santos. Por esta descortesía Durvasa se enfadó mucho y la maldijo diciendo:
―Será mejor que no pierdas ese anillo de oro, pues el rey Dushyanta no se acordará de ti a menos que se lo enseñes.Sakuntala no oyó estas palabras, ya que de otra manera habría tenido más cuidado días después cuando, bañándose en el ganges, perdió el anillo sin darse cuenta. En el preciso momento en el que este tocaba el lecho del río, el recuerdo de los días felices pasados en Himavat se borraba de la mente del rey, cumpliéndose así la maldición de Durvasa.
Acabó por expirar el plazo que Dushyanta le había puesto y Sakuntala se preparó para acudir a palacio. Todo el bosque celebraba la futura boda de su amiga. De forma milagrosa, los árboles le tejieron un maravilloso vestido, las flores destilaron un fragante perfume sólo para ella y las aves entonaron un hermoso canto a manera de despedida. Dos ascetas especialmente escogidos por Kanva la acompañaron en su viaje a la ciudad.
El rey Dushyanta se encontraba finalizando su Consejo cuando le avisaron de la llegada de los dos ascetas y la doncella. Los recibió de forma respetuosa, pero al escuchar el motivo de su visita se sintió confundido. ¿Cómo iba a ser aquella hermosa joven su esposa si no recordaba haberla visto nunca? Sakuntala quiso mostrarle el anillo, pero entonces descubrió compungida que lo había perdido. La tristeza de la muchacha conmovió al rey, que antes de echarla prefirió consultar a un sabio de la corte al que apreciaba especialmente. Vino este hombre sabio, y, tras observar a Sakuntala, dijo que sólo habría que esperar para conocer si era verdad lo que ella decía, pues, aunque ella no lo supiese todavía, estaba embarazada, y si su hijo era hijo del rey tendría en la mano una marca con forma de rueda, tal y como aseguraba una antigua profecía. El rey decidió aguardar a ver si eso sucedía. Sakuntala, sin embargo, sintiéndose despreciada, prefirió abandonar el palacio y marchar lo más lejos de allí que pudiese.
Tiempo después, un pescador del Ganges halló en el estómago de un pez el anillo de oro con el sello real. Cuando el rey recibió el anillo, recordó al instante la primera vez que había visto a Sakuntala, sus conversaciones en la soledad del bosque y sus mutuas promesas de amor. Desesperado, intentó encontrarla, pero ya era demasiado tarde. Ni siquiera en Himavat sabían a donde había ido.
Años más tarde, cuando ya se había resignado a vivir con el pesar de haber perdido a Sakuntala, regresaba el rey en su carro de una guerra lejana cuando decidió hacer un alto en la montaña Cumbre de Oro, el lugar al que los penitentes acuden para acercarse a los dioses

Al descender del carro vio a un niño jugando con un cachorro de león. Impresionado por su valentía, se acercó a él, y al llegar a su altura pudo observar que tenía en su mano derecha una marca con forma de rueda. Emocionado, preguntó al niño quién era. “Soy el hijo del héroe Dushyanta, aunque nunca lo conocí”, respondió el niño. Apareció entonces Sakuntala, con el cabello recogido y el rostro marcado por las penurias pasadas, pero aun así casi tan hermosa como cuando el rey la había visto por primera vez. Dushyanta se postró a sus pies y le pidió perdón. Sakuntala cedió a las súplicas del rey, y este volvió a entregarle el anillo de oro. Finalmente, los tres regresaron a palacio, felices de que el destino los hubiese vuelto a reunir.

LA CREACION INDU


En realidad, hay tantas descripciones del universo hindú como versiones sobre su creación, todas ellas, sin embargo, se basan en la tensión entre eternidad y reencarnación.

La tierra se compone de siete continentes circulares; el del centro descansa sobre un mar de agua salada del que se alza el monte Meru. Al sur de éste se halla Bharatavarsa, el antiguo nombre de la India, mientras que debajo se encuentran los demonios y las serpientes repartidos en los siete niveles del infierno; por encime están los siete niveles del cielo, coronados en lo más alto por brahmán, la morada de las almas perfectas. Ante las almas que han logrado escapar a los tormentos del infierno hay dos caminos: el Camino de los Dioses, reservado para las almas perfectas, que conducen al norte del Sol hasta la paz eterna de brahmán; y el Camino de Nuestros Padres, al sur del Sol, destinado a aquellas almas que han de regresar a la Tierra para volver a nacer. Este ciclo de creación y destrucción, de nacimiento, muerte y vuelta a la vida, simboliza el transito tanto del alma como del mismo universo.

LA LEYENDA DEL PUENTE DE LOS MUERTOS


Cuando muere el hombre su alma queda cerca de el durante los cuatro primeros días y noches, luego va el puente de los muertos donde es juzgado. Si su conducta ha sido buena siente una brisa que le acaricia agradablemente así como unos deliciosos olores y ve venir hacia si una doncella bellísima cuyo rostro brilla como una estrella. Ella misma declara quien es: los buenos pensamientos, las buenas acciones que el alma ha realizado en vida. Y sirve de compañera al alma buena para orientarla en el camino hacia el paraíso de Ormuz.
En cambio, el alma del malvado al llegar al puente de los muertos siente un viento desapacible y molesto. La joven que se acerca a ella es de aspecto repugnante, de faz contrahecha y de cuerpo deforme. Si el alma le pregunta quien es le contesta que esta formada de los malos pensamientos y acciones que el alma ha obrado en vida. Esta horrible compañera le llevara a los infiernos.

HISTORIA DE CIRO



Astriajes, rey de Media, soñó que su hija daría a luz un niño que le arrebataría el trono. Asustado ante lo que creía ser una perdición la envió a Persia y dispuso que se casara con Cambises que no era de linaje real. Cuando supo que su hija estaba encinta le hizo ir a su palacio y así que hubo dado luz, le quito el niño y ordeno a un criado que diera muerte. El criado no quiso cumplir la orden cruel por lo cual entrego a la criatura a un pastor para que este le abandonara en el bosque. El pastor, a quien se le acababa de morir un hijo, entrego al vástago real a su mujer y ambos lo tuvieron como propio.
El niño, a quien pusieron Ciro por nombre, estuvo con ellos asta que a los diez años su condición real se puso en manifiesto cuando, jugando con otros muchachos, se hizo elegir rey por ellos y como uno se resistiera a reconocer su autoridad mando que le azotaran. El muchacho azotado se quejo a su padre, que era un noble y este hizo saber lo ocurrido al rey Astiajes. El soberano, admirado por lo que le contaban del hijo del pastor, ordeno que le llevaran a su presencia. Una vez allí, Ciro dio muestras de una tal grandeza de ánimo y severidad, que hizo entrar en sospecha al rey, ya que además veía en aquel valiente muchacho reflejadas las facciones de su propia hija.
Astiajes interrogo al pastor, quien acabo por confesar la verdad. Irritado el rey preparo un castigo horrible contra aquel hombre que no había cumplido su orden de matar a Ciro; le arrebato a su hijo y tras hacerlo matar, despedazándole y dio al infiel criado los despojos de su propio hijo para que los comiera. El criado creyó que se trataba de un exquisito manjar y lo comió. Astiajes espero pérfidamente a que lo hubiera deglutido y luego le dijo de que se trataba.
Desde entonces Astiajes tuvo en su antiguo servidor un enemigo irreconciliable, que se propuso por todos los medios expulsarle del trono. Describió a Ciro toda la verdad, y le incito a vengarse de su cruel abuelo.
Ciro, que estaba recibiendo instrucciones militares en un principado vecino, instigado por el criado, organizo un ejército y fue contra Astiajes. Este, confiado, dio el mando de sus tropas para que saliera al encuentro de Ciro, precisamente a quien había organizado toda la conjura contra el, que, naturalmente, en cuanto estuvo en el campo de batalla se unió al que debía combatir como enemigo. Astiajes salio entonces al encuentro de los dos y estuvo a punto de poner en fuga a todos los atacantes de no haber sido porque las mujeres de estos les alentaron y consiguieron que contraatacasen con coraje derrotando al viejo rey.
Ciro perdono a su abuelo, limitándose a desterrarlo. Y colmo de bienes al criado.

EL SUEÑO DE KERET


Keret es hijo de El, dios supremo, Keret, «el noble, el magnánimo», rey de los sidonios, escucha un día la voz de su señor, que le ordena que vaya a combatir a la mujer de Terah, que, en unión de otros clanes, se opone a la voluntad superior de El.
Nuestro héroe caminó en silencio hacia su habitación, con lento paso; tristemente meditaba cómo había de acometer la empresa. Un acongojado temor invadió su ánimo esforzado. Ved ahí a Keret, el «servidor de El», roto en sollozos y convulso sobre su lecho; sus lágrimas se deslizaban, «pesadas como ciclos». Al fin, el cansancio venció al dolor y Keret quedó dormido, entregado a un sueño sin reposo, poblado de amargos temores. Se despertó intranquilo el noble Monarca; subió a la terraza de su palacio, deseoso de recrear su embargado espíritu en el espectáculo magnífico de la ciudad.
El, el «padre de la humanidad», contempló la dolorosa inquietud de su siervo y le infundió un nuevo y placentero sueño, durante el cual le brindó su consuelo y su apoyo y le prestó ánimos para la gran empresa. Más ni aún el dios supremo consiguen reconfortar el abatido espíritu del héroe.
«He de oponerme a un terrible enemigo -medita Keret-, y ¿quién me asegura la victoria? Expuesto estoy a la muerte sin venganza, pues que aún no he experimentado el consuelo de verme nacer en un hijo a una nueva vida. Moriré sin posteridad y sin gloria, como si no hubiera vivido».
Llora tristemente. Y es tan intenso su dolor, que con él vierte también lágrimas su doble: Na'man (el gracioso). El derrama sin cesar los dulces efluvios de su palabra y Pebe Melek (dios inferior) eleva su voz de resonancias vigorosas. Pero Keret y Na'man prosiguen su llanto y sus lamentos: «¡Ay de mí y de mi hijo que no vio la luz!».
El «padre de la humanidad» se decide a revelar a Keret el porvenir. El héroe queda sumido en un sueño y sobre él desciende la voz carismática:
- Subirás a una torre. Lávate y purifícate. Y toma luego un cordero y sacrifícalo, y una cabra, y el pájaro del sacrificio. Y vierte vino en una copa de plata, y miel en una copa de oro. Y alza tus súplicas a Sor-El (dios toro) y a Baal-Dragón. Regresa a tu ciudad y prepárate al combate. Recoge trigo abundante: que no falte el pan a tus sidonios ni a la Asamblea. Helos aquí: ya han ocupado tus enemigos en el sexto mes hasta cinco fortalezas y te amenazan implacables. El encuentro será en Negeb: chocarán las armas con estrépito. Y sobrevendrá un gran desastre; pueblos enteros abandonarán sus tierras. Allá van en tropel las gentes de Canaán y trescientas veces mil hombres, beduinos sin nombre, y por militares, por miríadas, las gentes de Hassis; todos emprenden la marcha, cerrando sus casas. Y Terah, el poderoso, el que hace levantar a la Luna nueva, y la hace brillar para Sin, su mujer, para Nikar, su bien amada, se te opondrá. Mas tú, hijo mío, sigue adelante; camina durante seis días hacia el Sur, hasta que encuentres a los sefarditas (los del Sol). Y llegarás al país de Edom: descansa en sus ciudades y recréate en sus campos; allí hallarás nuevos taladores y nuevas mujeres. Sigue adelante, o regresa; mas no ataques al Edom. Oyelo, Pabel-Melek: tú enviarás a mi hijo tu mensaje: que se aleje y no combata al Edom, pues es El, dios supremo. Y después, Keret, te volverás a tu mujer y le dirás: concédeme, oh Meset-hery, el favor de un hijo. Y podrás contemplar a tu primogénito: su gracia, cual la de Anat; su belleza, cual la de Astarté. Y su grito ha de ser: "Odio al enemigo".
Despertase Keret. Una extraña sensación de dicha le poseía. Al momento se levantó y cumplió las órdenes de su padre. Y todo sucedió como El le había revelado. Terminada la batalla de Negeb (Palestina meridional), y antes de ir al país de Edom, Keret se dirigió a los santuarios de Tiro y Sidón, donde es de suponer que se casó con la dulce Meset-hery. Y luego reemprendió el camino y ejecutó la voluntad de El, «padre de la humildad».

LAS MIL Y UNA NOCHES


Conocida también como Las noches árabes, esta epopeya recopila una gran variedad de cuentos procedentes de Persia, Arabia y otros lugares que están inspirados en elementos mitológicos bíblicos, iraníes y de todo Oriente Medio. La colección se enmarca en la historia de un rey, Shahria, que descubre que su mujer le es infiel y ordena a su gran visir que la ejecute. Por temor a que la infidelidad se repita, y tras declarar que todas las mujeres son igual de malvadas que su primera esposa, se venga desposándose con vírgenes a la que ejecuta a la mañana siguiente de la noche de bodas. Cada día el gran visir debe encontrar a una nueva esposa para el rey, cada día se desposa con una joven y se ajusticia a una esposa. Los horribles gritos y lamentos de las jóvenes condenadas y sus consternadas familias llenan la ciudad.Un día, Serezade, hija del gran visir, se presenta voluntaria para casarse con el rey, intenta detener sus brutales prácticas y cambiar así el destino de las jóvenes de la ciudad. En su noche de boda, Serezade consigue que el rey le prometa que no la matara hasta que le haya contado un cuento. Empieza a explicarle a Shahria una historia que el no conocía, pero el sol sale antes de que Serezade haya tenido tiempo de concluir su relato. El rey esta cautivado y detiene la mano del verdugo para poder escuchar el resto de la historia. Después de varias noches de relatos, el rey le dice a Serezade que pida un deseo, y ella le ruega que le perdone la vida por el bien de los tres hijos que le ha dado. Él le concede el deseo y viven felices para siempre. Los cuentos que narra Serezade son historias de magia, fantasía, amor y heroísmo, entre ellas se encuentran los relatos de Simbad, Alí Babá y los cuarenta ladrones y Aladino.

SALOMÓN Y LA REINA DE SABA


Tanto en le tradición judaica como en la islámica, Salomón es un gran sabio y gobernante de un poderoso imperio. Hablaba todas las lenguas, incluida la de los animales y las aves, muchos de los cuales se sometían a su juicio. Se cree que fue el quien construyo el primer templo de Jerusalén con la ayuda de ángeles y demonios. En la tradición islámica, Salomón controlaba tanto como a los jinn como a los humanos, los animales y las aves. Es la abubilla la que le habla a salomón de una tierra el sur donde no se le conoce y esta reinada por la hermosa reina de Saba. Salomón le pide al pájaro que le lleve a la reina una invitación para que acuda a presentarle sus respetos. Antes de su llegada, la reina envía tesoros y 6000 bellos niños y niñas. Tras un viaje que dura tres años, la reina llega a Jerusalén. Al conocer a Salomón, le pone a prueba con muchos acertijos, y el rey los resuelve todos, demostrando su sabiduría. Salomón pone entonces a la reina a prueba recibiéndola en una sala con suelo de cristal. Al creer que el suelo es de agua, ella se arremanga las faldas y deja ver sus pies y sus velludas piernas, con lo que le demuestra a Salomón que no es un demonio. La tradición islámica dice que era reina de Yemen, donde se le conoce como Bilqis. También se dice que, cuando llego a la corte, descubrió que un jinni le había preparado un trono junto al de Salomón. Los etíopes que gobernó su ciudad de Aksun, y que su nombre era Makeda. Después de casarse con Salomón, la reina de Saba dio a luz a un hijo, Menelik, quien fundaría el linaje real de etiope. La tradición judaica afirma que Nabucodonosor descendía de Salomón y Saba.

LA BÚSQUEDA DE LA INMORTALIDAD


El guerrero más poderoso del mundo, que incluso había desafiado al cielo y a los dioses con la fuerza de su brazo y el poder de su voluntad, no pudo superar la pena del duelo. Gilgamesh partió solo en su aventura final. Como Istar, podía gobernar el mundo, pero no su corazón, y estaba destinado a viajar por los infiernos con la esperanza de revivir a su amigo muerto, su mitad mortal.
Gilgamesh, enlutado, recorre el mundo en busca de Utnapishtim, “el lejano”. Solo eso hombre y su esposa, entre toda la humanidad, estaban bendecidos por los dioses con la vida eterna. Gilgamesh atraviesa la montaña del sol naciente, en cierto modo igual que el dios egipcio Re en su viaje al inframundo, y llega al jardín de los dioses. Allí convence a Urshanabi, barquero de los muertos, para que lo lleve asta Utnapishtim.
Gigalmesh le suplica que le diga como conseguir la vida inmortal. Utnapishtim responde con la severa contestación de que nada es permanente, que todo lo que vive ha de morir. Gilgamesh no acepta esa respuesta y exige saber como logro Utnapishtim la inmortalidad. El sabio anciano responde con la historia del gran diluvio, que tiene un parecido asombroso con el posterior relato bíblico Noe y el diluvio, incluida el arca.
El cuento se desarrolla así: el ruido constante de las multitudes humanas molestaban a los dioses, y Enlil decide inundar toda la tierra para silenciarlo. Ea “Enki”, advierte en secreto a un humano, Utnapishtim, y le dice que construya un arca, de que la llene de ganado, bienes, familia y artesanos, y que luego la selle y escape con ella del diluvio. Seis días y seis noches duro la tormenta, pero el séptimo día amaneció despejado. Utnapishtim soltó entonces una paloma, pero el ave no encontró tierra firme y regreso. Por fin, un cuervo salio volando y no volvió, y las gentes, las plantas y los animales del arca salieron para iniciar la reconstrucción. Los dioses enfurecieron, hasta que Ea les recordó lo mucho que necesitaban a sus esclavos humanos. Utnapishtim y su esposa recibieron la inmortalidad y se les permitió vivir en el jardín del sol con la promesa de que los dioses jamás volverían a destruir la raza humana. Utnapishtim no dio a Gilgamesh el secreto de la inmortalidad, ya que solo los dioses podían conocerlo. Lo que si le dio fue una planta para resucitar a Enkidu, pero, mientras Gilgamesh estaba dormido, se la robo una serpiente. Gilgamesh había fracasado y pasa sus últimos días en las afueras de las murallas de su ciudad, lamentando la tragedia de la vida y la muerte. A su fallecimiento todos lo lloraron.

EL OCÉANO DE LECHE


El poder de Indra peligraba Despues de que un sabio le lanzara una maldición. Los dioses estaban preocupados, ya que si su representante se debilitaba, quedarían a merced de los demonios. Así pues, Visnú les dio instrucciones para que removieran el océano de Leche con el fin de fabricar la bebida conocida como soma o amrita.

Tan grande era la preocupación, que Visnú ordeno tanto a los dioses como a los demonios que trajeran el gran monte Mandara hasta el limite mismo del océano para remover con el sus aguas. Entonces lo colocaron a lomos de Karma, la reina de las tortugas, unas de las diez encarnaciones divinas de Visnú, y se valieron de la gran serpiente Vasuki o Ananta-Shesha para atar la montaña y remover con ella el agua del océano. Al poco, ya estaban cansados de tan ardua tarea, pero entonces de la boca de Vasuki empezaron a salir relámpagos, y acto seguido una refrescante lluvia. Los árboles del monte Mandara fueron arrancados de raíz durante el traslado y no tardaron en incendiarse, con lo que todos los animales y las plantas que Vivian en la montaña fueron pastos de las llamas. Cuando Indra aplaco el incendio con lluvia, la savia de los árboles y del resto de las plantas fluyo hasta el océano bañando a su paso a los dioses, que se volvieron inmortales.
A media que los dioses y los demonios removían el agua, la Luna salio y, tras ella, el Sol. Al poco salio la diosa Lakshmi, que se convertirá en la esposa de Visnú, y luego su corcel blanco y el elefante también blanco llamado Airavta, que Indra reclamo para si. Al poco afloro un rió de veneno azul, pero antes de que pudiese devastar la Tierra, Siva se lo trago entero guardándolo en su garganta, de ahí se le llame también Nilaknth “Garganta azul”. Por ultimo salio el medico de los dioses, Dhanwantari, llevando entre sus manos una copa repleta de soma.
Los siempre astutos demonios se revelaron contra los dioses y les robaron el soma. Entonces, Visnú consiguió recuperarlo de nuevo disfrazado de una hermosa mujer, pero el demonio Rahu, disfrazado a su vez de dios, logro dar un sorbo a la bebida. Tanto el Sol como la Luna advirtieron a Visnú de lo sucedido y, aunque se procedió a matar al demonio, su cabeza y su cuello eran ya inmortales, pues habían estado en contacto con el soma. Entonces huyo al cielo, donde desde entonces se dedica a combatir el Sol y a la Luna, a los que abecés llega incluso a engullir, hecho este que explica los eclipses.
Entonces los demonios y los dioses se enzarzaron en una violentísima que acabo con la muerte de miles y miles de demonios. Una vez victoriosos, los dioses devolvieron el monte Mandara a su lugar original y regresaron a sus casas contentos por la victoria. Desde entonces, el maravilloso Visnú se convirtió en el guardián del soma.

LA PRINCESA KONG-JO (1ºparte)


El imperio tibetano había crecido y el rey Song-tsen gampo, quien reino entre los años 627-649, inspiraba respeto a todos los países vecinos. Pese a su feliz matrimonio con la princesa nepalí Khri-tsun, deseo a una segunda, refinada y hermosa mujer, de este modo se arreglo su matrimonio con la princesa Kong-jo, de la vecina china.
Tras las negociaciones y los planes de boda, la joven princesa y su sequito iniciaron un largo viaje a Lhasa, en el tibet central, protegida por dos fuertes guardaespaldas tibetanos: Laga y Luga. La princesa llevaba una hermosa estatuilla del buda Sakyamuni, su más preciosa ofrenda a la corte tibetana. Se topo con muchas dificultades en su viaje y el carruaje especial que llevaba la estatuilla tenia una gran tendencia a sufrir contratiempos. Al llegar a la llanura de Lhasa, el carruaje quedo varado en el barro, y laga y luga no pudieron hacer nada para liberarlo. Desesperada, la princesa Kong-jo consulto sus cartas de feng shui para determinar la causa del problema. Descubrió, desilusionada, que la energía de la tierra del tibet intentaba repeler la estatuilla del buda Sakyamuni y, con ella, todas las enseñazas del budismo.
Tras reflexionar profundamente, Kong-jo se dio cuenta de que la tierra del tibet, país de las nieves, era en realidad una enorme y poderosa diablesa srinmo recortada. A los problemas de la princesa se sumo la existencia de peligrosos seres de otros mundos que habitaban la tierra y ayudaban a la diablesa. Pese a estos importantes obstáculos, otros elementos del paisaje fueron bastantes favorables. Los cálculos de feng shui de Kong-jo determinaron que unas series de templos y relicarios para las pagodas podían mitigar las fuerzas negativas de la tierra y seres de otros mundos, y reducir su actividad destructiva. Asi, la princesa podía empezar a construir el templo para albergar la valiosa estatuilla del buda Sakyamuni.
La princesa kong-jo fue recibida con grandes celebraciones por la corte tibetana. Solo la reina Khri-tsun no se mostró tan encantada con la llegada de la segunda esposa. Al conocer los planes de kong-jo de construir un templo en Lhasa para la preciosa estatuilla, khri-tsun reclamo el derecho, como primera esposa, a levantar sus templos antes.

LA PRINCESA KONG-JO (2ºparte)



Kong-jo sugirió que khri-tsun levantara un gran templo en medio de lago cerca de lhasa, que, junto otras medidas de protección, podría, al principio, quedar lleno de tierra. Esto enfureció a la celosa reina khri-tsun, que pidió al rey permiso para construir 108 templos budistas donde ella quisiera.
Se cavaron los cimientos y se pusieron las piedras, aunque no importaba cuanto construyese al día, los malignos seres de la tierra lo destruyan el trabajo por la noche. Desesperada, khri-tsun consulto a kong-jo pues sabia que sus conocimientos de feng shiu resorbieran la situación de punto muerto. Kong-jo volvió a dar loa solución, que suponía rellenar de tierra el lago, lo que permitiría la construcción del gran templo de lhasa. Khri-tsun no entendió bien las instrucciones y cuando intento rellenar el rió lo embarro todo. Esto confirmo la secreta sospecha de la reinada que kong-jo la estaba engañando.
La reina explico sus problemas al rey, quien la consoló. Con su adivinación, vio que si se podía construir un templo cerca del lago. Así que rey y reina viajaron al lago y el rey, tras quitarse un anillo del dedo, le dijo a khri-tsun que levantara un templo donde cayera su anillo. La joya bolo por el aire, reboto en la silla de la reina y cayo al lago. Khri-tsun estaba consternada y el rey prometió ayudarla. Trabajaron juntos, pero lo construido de día, de nuevo, se derrumbaba de noche.
Al ver lustrados, una y otra vez, todos y cada uno de los intentos de construcción, el desilusionado rey se repensó el plan de kong-jo. Tras reflexionar con detenimiento sobre la cuestión comprendió que estaba haciendo exactamente la malvada diablesa srinmo. Cuando la diablesa agitaba las pierna, los templos recién construidos se venían abajo. El rey tomo la firme determinación de construir 12 templos budistas en total. Se le ocurrió utilizar la técnica de inmovilizar a la diablesa por las manos, los pies, las rodillas, los codos, los hombros y las caderas.
Estos templos budistas se construyeron en toda la extensión del reino tibetano y, al final, ambas reinas, khri-tsun y kong-jo, consiguieron levantar sus tan anheladas pagodas. La valiosa y venerada estatuilla del buda sakyamuni, también conoció cabo Joao rinpoche, tuvo finalmente su lugar en el gran templo de lhasa: el monasterio de jokhang. Al final, la compasión infinita de las enseñanzas espirituales de buda emano del país de las nieves.

LOS ORIGENES DEL PUEBLO TIBETANO


Hubo una vez un mono mágico, que vivía muy alto en una bonita cueva del monte Kongpori, un pico sagrado en el valle del Yarlung en la región central del Tíbet. Como este mono había visitado el elevado mundo de los budas y había contactado con Chenrezig, un futuro buda muy compasivo, pasaba el tiempo meditando, mejorando sus habilidades compasivas, pacificas y de amor y amabilidad.
Un día, su sublime práctica fue interrumpida por una diablesa srinmo de piedra, a quien invadió de lujuria al haber al radiante mono.
No obstante, el mono se había entregado a la meditación hasta alcanzar l iluminación y no se sintió atraída por la diablesa srinmo de piedra. Ella amenazo con casarse con un violento diablo de piedra y procrear una gran progenie destructiva, que acabarían con muchas vidas humanas si el mono no accedía a sus deseos y la tomaba como esposa.
El mono se vio atrapado. Sabía que podía evitar la gran destrucción, aunque le costaría su devoción. Por su compasión se unió a la diablesa srinmo de piedra y ella le dio seis monos de cara roja. Su padre los llevo a un frondoso bosque lleno de árboles cargados de frutas para que pudieran comer bien y crecer felices. Pero, poco después, ya no quedaban comida y los pequeños tuvieron hambre.
Arrobado de compasión por su difícil situación, el mono recurrió a Chenrezig, quien intervino produciendo grano, cebada, arroz y trigo sarraceno. Cuando los niños monos asociaron su apetito, su pelo y cola amenguaron, aprendieron a hablar y se hicieron humanos. Las seis tribus originales del pueblo tibetano descienden de estos niños.
En realidad, este es el motivo por el cual los tibetanos son tan espirituales y compasivos, unos rasgos que han federado de sus antepasados mono, emanación de Chenrezig, y también de que son fuertes y valientes como la diablesa srinmo, emanación de Tara, la protectora budista del Tíbet.

EL PESCADOR URASHIMA (1ª parte)


Cuentan que hace muchos años vivía en Japón un joven pescador, hábil con los anzuelos y las redes aunque un poco olvidadizo, llamado Urashima. Dicen asimismo que una tarde en la que este había salido a faenar con su barca, al izar las redes encontró atrapada en ellas una gran tortuga verde. Aunque esta podía proporcionar alimento para él y sus padres durante varios días, Urashima se apiadó de ella y la devolvió al mar. Mientras lo hacía sintió que el sueño se apoderaba de él.
Al poco de cerrar el pescador los ojos, una hermosa doncella surgió de entre las olas y, tras subir a la barca, dijo:
―Soy hija del dios del mar. Fui yo quién, bajo la forma de una tortuga, se enredó en tus aparejos de pesca y a quién generosamente devolviste al agua. Esa acción tan noble no puede quedar sin recompensa, así que te invito a acompañarme al Palacio del Dragón, cuyo suelo de coral nunca ha sido hollado por un ser humano, y en donde vivo con mi padre.
La princesa se sentó entonces al lado de Urashima y cogió un remo; el pescador empuñó el otro y ambos comenzaron a remar. Remaron y remaron, adentrándose cada vez más en el océano, hasta que por fin pudieron divisar en el horizonte los altos torreones del Palacio del Dragón.
Este se alzaba en un solitario islote en mar abierto. Pétreos árboles con hojas de esmeralda jalonaban el camino que conducía a su entrada. Sus torres, puntiagudas y retorcidas, se perdían entre las nubes, y estaba hecho por entero de coral rojo, de tal manera que el coral parecía haber crecido voluntariamente de aquella forma para honrar a su señor. Tal era el magnífico palacio desde el cual el dios del mar gobernaba a las criaturas marinas.
Allí vivió Urashima agasajado por los súbditos del dios del mar. Él y la princesa se enamoraron y acabaron por casarse. Era muy feliz, pero no podía evitar sentir nostalgia de su pueblo, por lo que, poco a poco, fue madurando la idea de regresar a tierra firme para visitar a sus padres. Cuando contó a la princesa su proyecto, esta asintió apesadumbrada. Si ese era su deseo, ella no se lo impediría. Antes de partir, le dio una pequeña caja de madera con la advertencia de que si quería regresar algún día al Palacio del Dragón, nunca la abriese.
Nada más tocar la caja, Urashima sintió que su visión se nublaba y perdía la consciencia. Cuando despertó, ya no se encontraba en el Palacio del Dragón, sino en su barca, frente a la cala en la que solía pescar, justo en el lugar en el que se había quedado dormido aquella tarde durante la cual había pescado la gran tortuga verde. El sol estaba casi en la misma posición, él iba vestido con la misma ropa que cuando había salido a faenar y en su barca se encontraban todos sus aparejos, tal y como los tenía dispuestos aquella tarde. En apariencia, solo habían transcurrido unos minutos, y no meses.
Dudando de si su estancia en el Palacio del Dragón había sido un sueño, Urashima condujo la barca hacia la orilla y se dirigió a su casa.

EL PESCADOR URASHIMA (2ª parte)


Al llegar al pueblo, notó que algo extraño sucedía. Las calles le resultaban familiares, pero no todo respondía exactamente a sus recuerdos: aquí y allá se levantaban casas que antes no existían, otras que recordaba con claridad se habían convertido en solares o en edificaciones nuevas. La casa de sus padres era una de estas.
Desconcertado, paró a un viandante y le preguntó por sus padres.
―No los conozco, lo siento ―respondió al principio el viandante, aunque después su rostro pareció iluminarse con la chispa de un recuerdo―. ¡Oh, espera! Tu te refieres a los padres del pescador. Su hijo salió una tarde a faenar y nunca regresó. Pero eso tuvo lugar hace mucho tiempo, mucho antes de que yo naciese. Han pasado ya, por lo menos, 300 años desde que los padres del pescador murieron.
Urashima comprendió entonces que su estancia en el Palacio del Dragón no había sido un sueño y que es cierto lo que dicen algunos: en las tierras habitadas por las hadas y los seres feéricos el tiempo transcurre más despacio que en el mundo de los humanos.
Nada había ya que lo retuviese en tierra firme. Urashima echaba ahora de menos el Palacio del Dragón y la compañía de la princesa. En la cesta de mimbre que llevaba habitualmente cuando salía a pescar, encontró la pequeña caja de madera que ella le había dado. Sin recordar su advertencia, la abrió. De su interior brotó una nube blanca que, cuando ganó altura suficiente, comenzó a avanzar hacia el horizonte.
Urashima la persiguió, pidiéndole a gritos que lo esperase, pero esta no cambió de rumbo. Al pescador le costaba cada vez más correr. Sentía crecer la debilidad de sus piernas, y a cada poco tenía que pararse a recobrar el resuello. En una de estas ocasiones miró sus manos: estaban arrugadas como las de un anciano. La terrible verdad era que, según la nube se alejaba, los años que habían transcurrido en el mundo mortal se echaban encima de él, dispuestos a cobrar su tributo.
A duras penas, Urashima logró llegar a la playa. Pero ya no le quedaban fuerzas para más. Cayó rendido sobre la arena, en donde murió, mientras veía cómo la nube se alejaba sobre el mar.

ILUMINACIÓN CELESTIAL



El Nihongi incluye una variante sobre el mito de la creación de Amaterasu y Tsukiyomi en la que Izanagi dio vida a los kamis del Sol, la Luna y el mundo subterráneo a partir de unos espejos antes incluso de llevar a cabo el primer acto de procreación con su divina hermana.
Un día en que Izanagi se encontraba solo en Onogoro, manifestó su intención de dar vida a unos descendientes que gobernaran el mundo.
Para ello, agarro un espejo de cobre blanco con la mano izquierda y al mirarse en el dio forma a una divinidad llamada Ohohirume, probablemente un pseudónimo de Amaterasu, ya que significa la “Gran Diosa del Mediodía”, cuando el Sol se encuentra en lo mas alto del cielo.
Entonces Izanagi levanto un espejo idéntico al anterior con la mano derecha y al contemplarse en el dio vida a Tsukiyomi. A continuación miro de nuevo al mismo espejo, pero esta vez de reojo, y nació el dios Susano.
Las dos primeras divinidades proyectaban a su alrededor una luz resplandeciente, por lo que Izanagi les envió al firmamento para que iluminases la Tierra. Tsukiyomi de noche y Ohohirume de día. Susano en cambio, no tuvo tanta suerte y quedo patente desde el principio que estaba condenado a la ruina como portador de la destrucción, así que Izanagi le encomendó el gobierno del mundo subterráneo de Yomi, donde residían los demonios y las brujas.

LA ROMÁNTICA FIESTA DE LAS ESTRELLAS DE TANABATA



No abundan en la mitología japonesa los episodios de las estrellas. Uno de ellos, que de hecho es la versión de un mito procedente de china, gira en torno a la creación de la Vía Láctea y se conmemora en la fiesta de Tanabata, que se celebra todos los años el 7 de julio.
Este romántico episodio tiene como protagonista un robusto pastor que se enamoro de una hermosa hilandera, que era en realidad una diosa. En la versión japonesa, el padre de la joven era el dios del Cielo, a quien degustaban tanto sus flirteos que acabo llevándosela consigo a sus dominios celestiales. Pero su amantísimo pastor la siguió y entonces el padre de la joven creo el gran rió celeste de la Vía Láctea para impedir el paso del amante de su hija. El amor que este sentía era sin embargo tal que al final el dios que ceder y permitir que los dos amantes pudieran cruzar el rió a trabes de un puente formado por unas urracas y encontrase una vez al año, en concreto el séptimo día del séptimo mes, para de ese modo pasar juntos una noche.
La joven hilandera se llamaba Tanabata y se la asocio con le constelación que los japoneses conocen con dicho nombre y los occidentales como Vega, en la constelación de Lira. En la noche de Tanabata, las mujeres y los hombres que celebran esta fiesta colgaban tiras de papel y algodón de las ramas de los árboles; en los papelitos habían escrito previamente poemas sobre los amantes del cielo o peticiones de índole amorosa. Asimismo, vertían agua en un plato poco profundo y observaban el reflejo de las estrellas en el agua para, a continuación, dejar caer unas cuantas hojas de kaji en el recipiente e interpretar a partir de los movimientos del agua y de las hojas la suerte que les aguardaba en el amor.

LOS REFLEJOS DE LA PERFECCIÓN



Los espejos de los santuarios sintoístas constituyen uno de los tres símbolos importantes del sintoísmo junto con el collar y la espada. Según reza la tradición, el espejo que se utilizo para hacer salir a Amaterasu de la cueva es el mismo que se venera en el templo principal que tiene la diosa Ise, en la provincia de Mie.
La superficie pulida del espejo así como la perfección de las imágenes simbolizan todo un ideal para los sintoístas en tanto que les insta a aclarar las nubes distorsionadas de la pasión que empeñan la mente y el corazón, de manera que lleguen a presentar ante los dioses una imagen perfecta del alma.
En el Kojiki podemos leer como el mismo Izanagi entrega el espejo a sus hijos divinos con la orden expresa de contemplarse en el todas las mañanas y todas las noches; sin fijan su mente en lo celestial y lo puro al hacer frente a sus debilidades, les dice, verán en el reflejada su conciencia en estado puro.
Se decía que el espejo reflejaba lo más profundo del alma de su dueño. En un celebre mito, una madre a punto de morir entrego un espejo a una hija que la había cuidado durante una larga enfermedad que la había acabado desfigurando el rostro. Dicho espejo había sido un regalo de bodas del marido ya fallecido de su madre, esto es, el padre de la joven, y cada vez que esta se miraba en el se reconfortaba al ver reflejado el rostro de su madre, o así lo creía ella, con la juventud y la hermosura que un día tuvo.

La Leyenda de Meng Tiang

Esta campesina china recorrió una distancia enorme para llevarle alimento, en la dura estación del invierno, a su marido, el cual se encontraba trabajando en la ciclópea construcción de La Gran Muralla China, erigida por orden de Quin Shih Huang-Ti, primer emperador de China; construcción la cual, por los enormes costes tanto materiales como humanos que le estaba costando al pueblo, llevaba al acúmulo de rencor, y del miedo, del pueblo de la recién nacida China a sus gobernantes.
Cuando llegó, su marido había muerto el día anterior a causa de un derrumbe. Su cuerpo, en un mundo antiguo donde no debe malgastarse nada, fue empleado como masa para la construcción de una parte de la misma muralla responsable de su muerte. La leyenda dice que Meng Tiang lanzó un tan doloroso alarido de angustia, que rajó de parte a parte la zona del muro donde se encontraba el cuerpo de su marido, formándose una grieta que nunca más se pudo recomponer.

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