MITOS Y LEYENDAS ANCESTRALES

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miércoles, 16 de febrero de 2011

QUERUBINES Y JINN


Los querubines bíblicos son unos enormes seres sobrenaturales con alas de águila, cuerpo de león y rostro humano. Son los guardianes de las puertas del Paraíso, protegen el Arca de la Alianza y sostienen el trono divino con sus alas. Se cree que son los seres que hacen posible el vuelo del trono divino. También se dice que Dios vuela montado en un querubín.

Los jinn son espíritus invisibles de la naturaleza, pertenecientes a la tradición árabe. Antes de Mahoma se los reverenciaba casi como a dioses. Mientras que los ángeles están hechos de luz y los humanos de arcilla, el Coran dice que los jinn están hechos de un fuego que no humea. Mahoma proclamo que los humanos y los jinn pueden ser musulmanes o no musulmanes.

LA DIVINIDAD FEMENINA


La Shekinah (del termino hebreo como que se determina la “presencia”) es la cara femenina de Dios en el judaísmo. La Shekinah es la presencia de Dios en el mundo y el esplendor de Dios que habito en el primer templo de Jerusalén.
Ella condujo a los israelitas a su éxodo en Egipto. Protegió así mismo al niño Moisés y se convirtió en su compañera, apareciendo en la zarza ardiente. Dios preservo a Moisés del Ángel de la Muerte, y la Shehinah se llevo su alma con un beso.
En el Islam, hay dos mujeres de capital importancia. Maria, la virgen madre de Jesús, es un ejemplo espiritual para toda la humanidad. El Corán le dedica todo un capitulo. De igual importancia es Fátima, la hija menor del profeta Mahoma.
Ella es la primera creyente que entra en el Paraíso tras la resurrección. Para los musulmanes chiíes, Fátima es la esposa del verdadero imán, Alí, y madre originaria, a partir de sus dos hijos, de todos los imanes verdaderos.

OSIRIS Y ABIDO


Se creía que los muertos se convertían en aj, o espíritus transfigurados, que tomaban la forma de estrellas. Según las inscripciones, en el principio de los tiempos se relacionaban a Osiris con la constelación de Orión, de la que los egipcios veían el <> del cazador que vemos hoy.
Mucho antes de la unificación de Egipto, Abido era la sede sagrada de Osiris. Los primeros reyes, originarios del sur, de Nejen, quienes también construyeron Menfis, la capital del norte, decidieron ser enterrados en Abido por ser un lugar santo. Probablemente por la época en que se construyeron las pirámides –el Imperio Antiguo (2700-2181 a. de C)- se erigió un santuario a Osiris en Abido que luego cayo en desuso.
Cerca de 1500 años después, Setos I, segundo rey de la decimonovena dinastía, decidió renovarlo. Los obreros desenterraron el viejo santuario, hoy bajo tierra, e inscribieron su nombre en los viejos muros.
Todos los años se representaba la resurrección de Osiris en una serie de estancias secretas, lo que animaban a los egipcios a creer que ellos también vivirían después de la muerte. De este modo, Abido se convirtió en el primer centro de peregrinaje.

EQUILIBRIO Y CAOS


Los egipcios entendían el cosmos como dos tierras idénticas que surgieron de las aguas del caos primigenio en forma de montículo. Más allá del horizonte occidental se hallaba otro mundo, una tierra habitada por los espíritus o por los muertos resucitados, en que el sol brillaba todas las noches tras abandonar el nuestro. Durante la puesta de sol, los que acababan de fallecer tenían que enfrentarse al terror de entrar en ese reino y al posterior juicio entes de poder habitar una tierra que era una replica perfecta a Egipto, aunque sin sus problemas. Estos dos mundos eran calcos el uno del otro. Se consideraba primordial que se mantuvieran en equilibrio, o Maat, ya que si este se perturbaba, aunque fuera ligeramente, regresaría al instante. El único puente entre los mundos era el rey quien, a diario y en secreto, recreaba la creación en el corazón del templo. Los egipcios habitaban un mundo precario que se tambaleaba el borde del desorden, por lo que la palabra del rey tenía que ser obedecida para evitar el caos y la desolación.

Los mitos, transmitidos a los habitantes en forma de cuentos populares o canciones, confortaban a la gente asegurándoles que las personas adecuadas estaban al mando y que su mundo estaba a salvo. Necesitaban de esta tranquilidad pues, según las inscripciones, los demonios y los espíritus acechaban a la vuelta de la esquina. La magia, contenida en amuletos y palabras de protección especiales, era muy real para ellos.

LA CREACIÓN DE PTAH


La unificación dio lugar a la construcción de la capital de Egipto en Mentís “c.3000 a. de C.” donde el dios local, Ptah, se identificaba con los artesanos. Dado que fue allí donde los reyes levantaron grandes templos a los que servían, la antigua historia de la creación según Tot acabo sucumbiendo a un nuevo mito.
La estela de Sabacón, ahora en el Museo Británico, relata que el rey libio Sabacón “c. 850 a. de C.” encontró un “rollo de piel carcomido por los gusanos” en la biblioteca del templo de Ptah y ordeno que lo copiaran en piedra para la posteridad. La lengua es muy antigua y no parece fácil que fuese escrita en la época de Sabacón, lo huye sugiere que la historia es cierta.
El nuevo relato respeta casi por completo al anterior mito de la creación del dios Tot, aunque los ochos demiurgos ya no aparecen. En su lugar, explica como el dios Ptah adquirió vida en el monte de Atum.
Lo interesante de este mito es que Ptah concibió ideas en el corazón, las considero con su razonamiento y luego las enuncio verbalmente. A medida que las palabras abandonaban sus labios se convertían en entidades físicas. Es el mito más antiguo de la creación producto de la lógica, literalmente logos, la palabra pronunciada.
Fuentes posteriores, consideradas por los expertos mucho más ortodoxos y menos paganos, recogían este mismo relato con pocas diferencias. “En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios”. Pocos son los que hoy en día se percatan de la similitud entre la primera frase del Evangelio de San Juan y el antiguo mito egipcio de Ptah.

EL ESCARABAJO SAGRADO



Los egipcios se inspiraban en la naturaleza a la hora de concebir sus imágenes cósmicas. El escarabajo pelotero constituya una alegoría que ilustraba a la perfección el movimiento del Sol a través del cielo.

El escarabajo pelotero deposita los huevos en una pelota de excremento que lleva rodando con ayuda de sus patas hasta el nido, donde los huevos, perfectamente resguardados, se incuban gracias a la acción de los rayos del Sol. Esta imagen ejerció una atracción irresistible en los antiguos egipcios, quienes vieron en el cielo vital del escarabajo una replica en miniatura del periplo que realizaba todos los días el Sol desde que emergía del amanecer, hasta que se ponía en el horizonte después de haber recorrido durante el día.
Había, además, otros aspectos que reforzaban el valor simbólico del pequeño escarabajo pelotero, como el huevo que se incubaba en el interior de cada pelota de excremento y del que salía una larva, que llevo a los antiguos egipcios a deducir que el escarabajo se creaba a si mismo. El primer vuelo de la cría de la salida del Sol en el horizonte, tal i como sugiere el Libro de los muertos.
Queda claro, pues, que el escarabajo pelotero era para los antiguos egipcios la encarnación de Jerpi, el Sol del amanecer, y, por extensión, del regreso a la vida del Sol y del faraón. Ello explica que a Jepri se le suela representar a menudo con la forma de un escarabajo navegando a bordo de una barca por encima de Nun, las aguas del caos, o incluso bajo la apariencia de una figura humana con cabeza de escarabajo.
Los escarabeos se fabricaban con materiales diversos, sobre todo piedra y cerámica esmaltada, y podían tener una función puramente ornamental, además de la de amuleto. En el Imperio Medio “hacia 1980-1630 a.C.”, se utilizaban como sellos, y en tiempos de Amenhotep III “hacia 1390-1353 a.C.”, ya en el Imperio Nuevo, se empleaban para dejar constancia de eventos destacados del reinado tallado en la cara inferior grabados y textos relacionados con ellos.
Los escarabeos desempeñaron un importante papel dentro del ajuar funerario. Casi siempre eran amuletos de fayenza “cerámica esmaltada” azul y de grandes dimensiones, con alas, que se depositaban entre las telas que envolvían el torso de la momia.
Había otro tipo de escarabeos que se solía colocar asimismo entre las telas que envolvían la momia, pero esta vez encima del corazón, y a estos se les dedicaba todo un capitulo en el Libro de los muertos.

THOT Y EL OJO DE HORUS


En un episodio acontecimiento durante el enfrentamiento entre Horus y Set, se cuenta cómo Horus perdió sus dos ojos, aunque en algunas versiones perdía tan solo uno de ellos, el de la luna, que thot habría recuperado y restituido a su lugar, acto que simbolizo la restauración del orden cósmico.
Horus se encontraba descansando en un oasis cuando Set se le aproximo bajo la forma de un cerdo de color negro y, aprovechando que su contrincante dormía, le arranco el ojo izquierdo y se lo llevo más allá de los confines del mundo. Cuando Horus despertó, se vengó cortándole a Set los testículos, pero poco puedo hacer para recuperar el ojo, que parecía perdido para siempre. Mientras tanto, el cielo0 nocturno, privado de la luna, se sumió en una total oscuridad.

Fue entonces cuando Thot acudió en su ayuda y, en su condición de pacificador entre los dos dioses, escudriño el caos mas allá de los confines del mundo. Con la caída se había roto, pero Thot recompuso pacientemente y se lo devolvió a su dueño. Desde entonces, el ojo de Horus se identifico con el uadyat, que hacía las veces de amuleto para los egipcios.